Fue hace unas cuantas caídas del sol hacia el horizonte,
que se hizo la noche sobre mi cama de arena,
y me deslumbro la luz de la luna,
volviéndose una intrusa en el desierto,
mientras el frió viento me cobijaba,
decidí envolverme en espejismos,
profanadores en mis tierras de frustración irreal,
invadiendo mi mente como el engaño de nuestra historia,
y fue que la luz satelital me iluminó sin previo aviso,
quise volverme ciego para poder ignorar el aura,
que me incendiaba en dolor ya olvidado,
no tuve opción que pedirle a la luna que se fuera,
pero fue inútil,
y no tuve remedio mas que soñar contigo,
sumergido en la inconciencia pude tener criterio,
decidí ignorarte...
una y otra vez como lo hiciste conmigo,
y como otros lo han hecho,
decidí hacer lo mismo con los que me han olvidado,
decidí olvidar y aceptar la ausencia,
tener de huésped a la soledad,
y saborear la delicada amargura del frío momento,
el observar sabiamente todas las facetas,
y la visión que atraviesa todas las capas,
de la realidad del ser humano,
con la expectativa de hasta el más decepcionante resultado.
Te has vuelto intrusa de mis tierras,
Has descubierto hasta el mas oscuro,
de los rincones en mi conciencia,
y solo existe un muro que nos separa,
uno que no es más que efecto de las consecuencias.
Mi mente me ha jugado una pasada,
me volví prisionero de una falsa realidad,
pensé haber encontrado un oasis sobre las dunas de la memoria,
un falso horizonte demasiado precioso como para ser real,
que persigo eternamente sin poderlo alcanzar,
mis ojos me engañan,
es la oscuridad, la misma ceguera,
la que me enseña la luz de la verdad.
No queda nada...
mas que el desvanecimiento de un sueño sin final
como humo que gira en el aire,
que se desintegra con los vientos del tiempo,
un momento perdido,
una promesa rota,
en un mundo de mentirosos.
Ya no me quedan fuerzas en las manos,
ni en el resto de mi cuerpo,
no me quedan fuerzas,
solo me queda soltar,
solo me queda olvidar,
soy un alma cansada sin receso,
que no tiene poción alguna,
mas la de seguir caminando en el interminable desierto,
bajo la delicada luz de un cruel satélite,
bajo la incertidumbre que gobierna las tierras de las penumbras.
Quisiera poder olvidar,
romper el espejismo que me rodea,
quebrar este silencio hipócrita,
acabar este sufrimiento fraternal,
cobijarme con las sombras del olvido.
Es mejor despertar,
ir por caminos separados,
por mas amargo que esto suene,
he aprendido a soltar,
todo aquello que no me da la mano de vuelta,
del auxilio de una difícil soledad,
es mejor despertar...
Rodrigo de la Parra de Tavira.©
domingo, 8 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)